
Nepal: de 384 viajeros desaparecidos a una tragedia que ya supera los 1,300
Lo que ayer parecía una emergencia concentrada en Rasuwa se convirtió en una catástrofe de dimensiones mucho mayores. Más de 270 personas han muerto y más de 1,300 permanecen desaparecidas entre Nepal y el Tíbet tras el colapso de un glaciar que desencadenó una devastadora corriente de agua, barro, hielo y rocas.
Ayer eran 384 viajeros que no habían podido ser localizados.
Hoy, esa cifra quedó rebasada por una tragedia que se extendió mucho más allá de Rasuwa y que ha obligado a Nepal y China a desplegar una operación de rescate a gran escala en uno de los territorios más accidentados del planeta.
Los nuevos balances contabilizan más de 270 muertos y más de 1,300 desaparecidos entre Nepal y el Tíbet, aunque las cifras continúan cambiando conforme los equipos de emergencia llegan a zonas que permanecían incomunicadas. En Nepal se reportan al menos 270 fallecidos y 826 personas no localizadas; en el lado tibetano se contabilizan tres muertos y 558 desaparecidos.
La diferencia respecto al reporte publicado ayer no significa necesariamente que cientos de personas hayan desaparecido de un momento a otro.
El primer registro de 384 viajeros —291 extranjeros y 93 ciudadanos nepalíes— era preliminar y se refería principalmente a personas cuyo paradero no había podido ser confirmado en Rasuwa. Conforme las autoridades ampliaron la búsqueda y comenzaron a integrar los registros de Nepal y del Tíbet, apareció la verdadera dimensión de la emergencia.
Y todavía puede haber más cambios.
La tragedia que comenzó en Rasuwa se extendió por los valles
El miércoles 26 de agosto, una gigantesca masa de agua, hielo, rocas y sedimentos descendió desde las montañas y se abrió paso por los cauces de los ríos de la región.
La corriente golpeó comunidades, carreteras, puentes, viviendas y vehículos con una fuerza extraordinaria.
En cuestión de minutos, algunos lugares quedaron cubiertos por toneladas de lodo y escombros.
Imágenes captadas desde el lado chino de la frontera muestran una enorme pared de material descendiendo por el valle y alcanzando construcciones mientras las personas intentaban escapar.
El desastre golpeó particularmente los corredores de los ríos Lhende Khola, Bhote Koshi y Trishuli, importantes vías de comunicación y actividad económica en esta región del Himalaya.
Una diferencia que explica por qué las cifras aumentaron tanto
La cifra de 384 viajeros que apareció ayer en los reportes de Nepal generó preocupación internacional porque entre ellos había cientos de extranjeros.
Pero ese número correspondía a una lista preliminar elaborada con información proporcionada por agencias de viajes, operadores turísticos, guías y autoridades locales.
A medida que avanzó la emergencia, aparecieron nuevos registros de personas desaparecidas en otras zonas y, especialmente, en el lado tibetano.
Por eso hoy el panorama es diferente:
- Nepal: 826 personas desaparecidas.
- Tíbet: 558 personas desaparecidas.
- Total: más de 1,300 personas no localizadas.
- Muertos: más de 270 confirmados en los balances más recientes, aunque otros recuentos ya superan los 300.
La diferencia entre los balances se debe a que las operaciones continúan y todavía existen sectores donde los rescatistas no han podido ingresar.
Entre los desaparecidos hay turistas de numerosos países
La tragedia golpeó también a viajeros internacionales que recorrían la región.
La Junta de Turismo de Nepal llegó a identificar 517 extranjeros entre las personas desaparecidas registradas en Nepal, además de ciudadanos nepalíes. Entre los extranjeros había 178 ciudadanos de India y personas procedentes de numerosos países.
El motivo de muchos de esos viajes era especialmente significativo.
La región es utilizada como ruta hacia el monte Kailash, uno de los lugares sagrados más importantes de Asia y destino de peregrinaciones internacionales.
El desastre sorprendió a grupos de viajeros que quedaron atrapados en instalaciones fronterizas y otras zonas de tránsito.
Uno de esos grupos estaba relacionado con la peregrinación organizada por el líder espiritual indio Sadhguru Jaggi Vasudev, quien informó que 77 integrantes quedaron atrapados en una oficina de inmigración fronteriza.
Los helicópteros se convierten en la única salida
La destrucción de carreteras y puentes ha convertido el acceso terrestre en uno de los principales obstáculos para los equipos de emergencia.
El Ejército de Nepal ha utilizado helicópteros para evacuar a personas atrapadas en las zonas afectadas y trasladar heridos hacia Katmandú.
Más de un centenar de personas ya habían sido rescatadas mediante operaciones aéreas, mientras decenas de heridos fueron trasladados a hospitales de la capital para recibir atención especializada.
Pero encontrar a los desaparecidos es otra historia.
Los rescatistas tienen que avanzar entre caminos destruidos, vehículos sepultados, estructuras colapsadas y enormes cantidades de lodo.
Además, el riesgo no ha desaparecido.
El peligro continúa después de la primera avalancha
En el Tíbet, las autoridades chinas informaron de acumulaciones de lodo de gran profundidad y daños en las vías de acceso al puerto de Gyirong.
También existe preocupación por un cuerpo de agua retenido en la zona, debido a que una nueva ruptura podría desencadenar otra corriente repentina.
Las lluvias que todavía se registraban en algunos sectores aumentaban el riesgo de nuevos deslizamientos.
Por eso, para los equipos de emergencia la operación no consiste solamente en buscar sobrevivientes.
También deben determinar qué zonas son seguras para entrar.
No fue un terremoto convencional
Durante las primeras horas de la tragedia surgió otra incógnita.
Una señal sísmica registrada en la región llevó inicialmente a considerar la posibilidad de un terremoto.
Sin embargo, el análisis posterior del Servicio Geológico de Estados Unidos modificó esa interpretación.
El USGS determinó que la señal correspondió a la energía sísmica generada por un colapso glaciar y el posterior flujo de escombros, y no a un terremoto convencional como causa principal de la tragedia.
Ese detalle ayuda a entender la magnitud del fenómeno.
No se trató simplemente de agua bajando por un río.
El colapso movilizó hielo, roca, sedimentos y agua que posteriormente descendieron por los valles a una velocidad y con una fuerza capaces de destruir infraestructura y comunidades enteras.
Un fenómeno extremo en una región cada vez más vulnerable
El Himalaya alberga algunos de los mayores glaciares del planeta y constituye una fuente fundamental de agua para millones de personas.
Pero también es una región especialmente vulnerable a deslizamientos, inundaciones repentinas y desprendimientos de hielo y roca.
Expertos citados por medios internacionales han señalado que el calentamiento global está modificando las condiciones de los glaciares de la región y puede aumentar determinados riesgos asociados con su inestabilidad.
Eso no significa que cada desastre pueda atribuirse automáticamente a una sola causa.
Lo ocurrido ahora debe ser estudiado con rigor científico para determinar cómo se produjo el colapso, qué condiciones lo favorecieron y por qué la corriente alcanzó semejante capacidad destructiva.
El Himalaya ya había dado señales
La tragedia tampoco ocurre en un vacío histórico.
En 2025, otra inundación vinculada con un lago glaciar afectó la zona fronteriza entre Nepal y China y provocó daños importantes en infraestructura.
Ahora, un nuevo episodio vuelve a demostrar la vulnerabilidad de las comunidades asentadas en estrechos valles de montaña.
La diferencia es que esta vez la magnitud del fenómeno fue extraordinaria.
Más allá de los muertos y los desaparecidos
Hay momentos en los que una tragedia obliga a mirar más allá de las cifras.
Nepal y el Tíbet dejan una imagen difícil de olvidar: montañas que parecían inmóviles durante siglos y que, en cuestión de minutos, fueron capaces de liberar una fuerza suficiente para borrar caminos, viviendas y puentes.
No es momento de convertir el dolor de las familias en una disputa política.
Sí es momento de aprender.
Esta tragedia plantea preguntas que deberán ser respondidas con ciencia, investigación y evidencia: cómo vigilar mejor los glaciares, cómo identificar zonas de alto riesgo, cómo fortalecer los sistemas de alerta y cómo conseguir que una comunidad pueda recibir una advertencia antes de que una corriente de esta magnitud llegue a su valle.
Porque prevenir un desastre natural no significa adivinar exactamente cuándo ocurrirá.
Significa conocer el riesgo, vigilarlo y estar preparados para reducir sus consecuencias.
La búsqueda todavía continúa
Mientras los gobiernos de Nepal y China coordinan sus operaciones, cientos de familias siguen esperando noticias.
Algunos cuerpos han sido encontrados río abajo, a grandes distancias de las zonas donde comenzó la tragedia.
Otros desaparecidos continúan sin ser localizados.
Las autoridades saben que el balance puede cambiar nuevamente.
Y quizá esa sea la parte más dolorosa de esta historia:
la cifra que hoy vemos todavía no necesariamente es la definitiva.
Ayer, la noticia era que 384 viajeros no podían ser localizados.
Hoy, el mundo observa cómo aquella primera alarma se convirtió en una catástrofe que ya supera los 1,300 desaparecidos.
Nepal y el Tíbet enfrentan ahora una carrera contra el tiempo.
Y el Himalaya deja un mensaje que trasciende sus fronteras:
la naturaleza puede sorprender incluso cuando la humanidad cree conocer sus montañas; el verdadero aprendizaje está en estar preparados antes de que vuelva a ocurrir.
Actualización y precisión de cifras
Nota actualizada al jueves 27 de agosto de 2026. Las cifras de muertos y desaparecidos permanecen en evolución. Diferentes autoridades y medios manejan balances distintos debido a que Nepal y China llevan registros separados y varias zonas permanecen inaccesibles. Esta nota utiliza como referencia prudente los balances que reportan más de 270 fallecidos y más de 1,300 desaparecidos, sin presentar esas cifras como definitivas.
Seguimiento de Acapulco Times
Esta información da continuidad al reporte publicado el miércoles sobre los 384 viajeros desaparecidos en Rasuwa. El nuevo balance incorpora información posterior de las autoridades de Nepal y China y amplía la dimensión conocida de la tragedia.




