Cuando la lluvia deja de perderse: escuelas de Acapulco comienzan a captar agua para enfrentar un viejo desafío
Un proyecto de captación pluvial impulsado por Rosario Merlín García, con respaldo de Fonatur a través del maestro Ricardo Salinas Méndez, busca convertir los planteles educativos en espacios de aprendizaje ambiental
Por Juan Manuel Román Juárez
Durante años, Acapulco ha vivido una contradicción que se repite cada temporada de lluvias.
El agua llega con fuerza. Baja por calles, avenidas y colonias; en ocasiones provoca afectaciones y finalmente gran parte termina en el drenaje o en el mar.
Pero cuando la temporada cambia, muchas familias vuelven a enfrentar dificultades relacionadas con el abastecimiento.
En medio de esa realidad surgió una pregunta: ¿puede una escuela aprovechar parte del agua que cae sobre sus propios techos?
Esa idea comenzó a transformarse en una iniciativa que ya se aplica en algunos planteles públicos del municipio: la instalación de sistemas de captación de agua de lluvia que buscan aprovechar un recurso que durante décadas ha sido visto solamente como un fenómeno temporal.
El proyecto no plantea sustituir los sistemas tradicionales de suministro, sino abrir una alternativa que permita utilizar el agua de lluvia para necesidades de las escuelas y, al mismo tiempo, enseñar a los estudiantes una nueva relación con los recursos naturales.
Un proyecto que nació desde la gestión social con el agua de lluvia a escuelas de Acapulco
La iniciativa ha sido promovida por la gestora social Rosario Merlín García, quien impulsó la llegada de estos sistemas a escuelas públicas de Acapulco como una herramienta que combina infraestructura y educación ambiental.
El proyecto cuenta con el respaldo de Fonatur, a través del maestro Ricardo Salinas Méndez, para avanzar en la implementación de estos mecanismos de aprovechamiento de agua pluvial en planteles educativos.
Más que colocar un depósito o una red de tuberías, la propuesta busca que las escuelas sean espacios donde los estudiantes puedan observar de manera directa cómo un recurso natural puede aprovecharse mediante soluciones sencillas.
De la lluvia al aprendizaje
En escuelas como Club de Leones y Narciso Mendoza, donde el proyecto ya comenzó a implementarse, la captación de lluvia representa una experiencia distinta para los alumnos.
El proceso es simple: el agua que cae sobre los techos es conducida mediante canaletas hacia sistemas de almacenamiento, donde puede ser utilizada para diferentes necesidades del plantel, de acuerdo con las condiciones de cada instalación.
Pero el objetivo principal no se mide solamente en litros acumulados.
También se mide en conocimiento.
Una niña que aprende que el agua de lluvia puede aprovecharse comienza a entender que los recursos naturales no son infinitos.
Un niño que observa cómo funciona un sistema de captación puede llevar esa enseñanza hasta su casa y compartirla con su familia.
Acapulco y el reto de cuidar el agua
El crecimiento urbano, los cambios ambientales y los periodos de escasez han convertido al agua en uno de los grandes retos para muchas ciudades.
En zonas donde durante la temporada de lluvias se recibe una importante cantidad de precipitación, la captación pluvial representa una oportunidad para reducir desperdicios y fortalecer la cultura del uso responsable.
Sin embargo, especialistas advierten que este tipo de sistemas no debe verse como una solución única al problema del agua, sino como una herramienta complementaria dentro de una estrategia más amplia de manejo sustentable del recurso.
Su valor también está en la educación.
La escuela como punto de cambio
Durante mucho tiempo, la educación ambiental estuvo limitada a libros, clases y campañas.
Los proyectos de captación de lluvia cambian esa dinámica porque permiten que los estudiantes participen directamente en una solución.
El aprendizaje ocurre cuando ven funcionar el sistema, cuando entienden de dónde viene el agua que utilizan y cuando descubren que una acción realizada dentro de su escuela puede tener impacto fuera de ella.
Para Rosario Merlín García, el proyecto representa una forma de acercar soluciones ambientales a las comunidades desde uno de sus espacios más importantes: las escuelas.
Agua de lluvia en escuelas de Acapulco: Una inversión para las próximas generaciones
Los beneficios de una iniciativa de este tipo no solamente se reflejan en el presente.
También plantean una pregunta sobre el futuro.
¿Qué tipo de relación tendrán las nuevas generaciones con el agua?
Las familias suelen pensar en el patrimonio que dejarán a sus hijos: una vivienda, un terreno o un ahorro.
Pero existe otro legado que no aparece en documentos: el conocimiento.
Enseñar a cuidar el agua, a respetar el entorno y a buscar soluciones responsables también forma parte de la herencia que una sociedad entrega a quienes vienen detrás.
El desafío: llevarlo a más escuelas
El siguiente reto será ampliar la instalación de estos sistemas en más planteles educativos de Acapulco.
El impacto del proyecto dependerá no solamente de la infraestructura colocada, sino de la capacidad de convertir esa tecnología en una enseñanza permanente.
Porque una escuela que aprende a aprovechar la lluvia no solamente almacena agua.
También almacena una idea: que los problemas ambientales pueden enfrentarse cuando una comunidad decide actuar.
En Acapulco, donde cada temporada las nubes descargan millones de litros de agua que muchas veces terminan perdiéndose, una nueva generación comienza a aprender que la lluvia no tiene que ser únicamente un problema.
También puede ser una oportunidad.



