Opinión

Memoria negra y roja de la burguesía criminal

Memoria negra y roja de la burguesía criminal

LECTURA POLÍTICA. Por Noé Mondragón Norato

La memoria es negra y roja. Como la sangre que escurre de los cuerpos inertes. Aquellos que perecieron en busca de la verdad y se encontraron de frente con la intolerancia de la burguesía criminal. La misma que ordena matar sin contemplaciones cuando de afectar sus intereses se trata. Esa que parece indispuesta a detenerse tan solo porque el imperio de la ley y de las normas sin efectos, pretenden infructuosamente impedírselo. Un clima siniestro y grotesco construido sobre la base de la violencia y la impunidad, pero que poco a poco normalizamos y carcome a una sociedad insensible, descompuesta, enferma y en fase terminal. Basta con pulsar el horror de estas realidades que ensanchan los abismos de la impotencia, los agravios y la desesperanza colectivos.

PRENSA SILENCIADA

Pasaron veinte años antes de que en la región Costa Grande de Guerrero, se registrara otro crimen contra un periodista. El recuento refrenda lo abominable: 1.- El 10 de noviembre de 2006 apareció muerto en el motel Venus ubicado en la salida de Ixtapa, Zihuatanejo, el periodista y editor del diario Despertar de la Costa, Misael Tamayo Hernández. Estaba semidesnudo y tenía pinchados los brazos. Sus verdugos le suministraron una inyección letal que le provocó un infarto fulminante. En los bolsillos de su pantalón le sembraron tres pequeñas bolsas con cocaína. Quisieron vender la idea de que era un adicto. Pero era falso. Porque el comunicador ni siquiera ingería bebidas embriagantes.

Organismos internacionales como Reporteros sin Fronteras y la UNESCO condenaron el asesinato, exigiendo una investigación a fondo. Misael había denunciado las corruptelas en el Consejo de Administración de Agua de Zihuatanejo (Capaz) y se había negado a ser recadero del crimen organizado en aquella región. En ese tiempo gobernaba el país el panista Vicente Fox que entregaría la banda presidencial en diciembre de ese año, al también panista Felipe Calderón. A ninguno de los dos les interesó resolver ese crimen. Y el municipio de Zihuatanejo era dirigido por el ex perredista Silvano Blanco de Aquino. En el gobierno estatal conducía el también ex perredista Carlos Zeferino Torreblanca Galindo, un adicto al poder que buscó tres veces regresar como alcalde de Acapulco tras abandonar el gobierno estatal en 2011. No logró tal fin. Y actualmente está sancionado por ejercer violencia política en razón de género. Zeferino también se hizo el desentendido. Nunca aclaró ni investigó el crimen del periodista pues mostraba públicamente, aversión hacia la prensa crítica. Curiosamente, la misma que le había apoyado para vencer al priista Héctor Astudillo en la elección de 2005. Y esa memoria negra y roja de la burguesía criminal todavía persigue al exmandatario perredista.

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El periodista e influencer Alejandro Moreno Serna “Alex Serna” desapareció desde el pasado 20 de junio en la comunidad de La Saladita del municipio de Zihuatanejo. Sus familiares y amigos perdieron todo contacto con él. Había denunciado tráficos de influencias y corruptelas por parte de empresas y autoridades de los municipios de Zihuatanejo gobernado por la priista Lizette Tapia Castro y de La Unión encabezado por el perredista Francisco Suazo Espino, que impactaban en términos de desastre al medio ambiente. Al afectar intereses diversos, esas denuncias fueron acompañadas por las respectivas amenazas de muerte que el comunicador exhibió en sus redes.

En un país marcado fuertemente por la impunidad y la indolencia, ninguna autoridad le prestó atención a ese hostigamiento. Dejaron que las cosas corrieran. El 23 de junio el cuerpo de Alex Serna apareció en el municipio de Petatlán, entambado en un contenedor azul de plástico y con visibles huellas de tortura, justo a un costado de la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo. Sus familiares lo identificaron en el Semefo hasta el 3 de julio. Otra vez el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos (ONU-DH) condenó el homicidio y llamaron a las autoridades a esclarecer el caso. Pero ante ese artero crimen imperó el silencio oficial. Ni la fiscalía estatal ni la propia presidenta Claudia Sheinbaum lo han atendido. Y los aspirantes de Morena a gobernador también se abstuvieron de abordar el asunto, entretenidos como están en frivolizar la hilarante y cómica agenda de su proselitismo. ¿Es acaso ignorando los problemas de fondo como pretenden gobernar? ¿De qué clase y calidad moral de aspirantes estamos hablando? La memoria negra y roja de la burguesía criminal también comienza a perseguirlos.

HOJEADAS DE PÁGINAS…

Otro alcalde indolente y comediante —le gusta exhibirse con una mujer costeña lépera y de arrabal como referente de su gobierno— es el que encabeza en el municipio de Iguala, Erick Catalán Rendón. No solo gobierna mal y con ocurrencias, sino que el crimen también lo acorrala y lo deja mal parado. Apenas el pasado martes ejecutaron a balazos a un empresario ferretero en ese municipio de la región Norte. Y Erick ha guardado silencio. Espera que sea el gobierno estatal o el federal quienes hablen por él. Parece interesarle muy poco o nada, que la gobernanza se le escape de las manos. Eso sí: espera el calendario electoral para anotarse a la reelección. O llegar al Congreso local. Apelando a que su visible indolencia y valemadrismo le sean reconocidos como premio en vez de castigo. Por esos extraños y desconcertantes caminos que abre la política a los advenedizos hijos de la improvisación.

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