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Narcoterrorismo: Las 2 preguntas que EE.UU. debe responder a México

Guerra al «narcoterrorismo» o retórica vacía: Las dos preguntas incómodas que Estados Unidos debe responder a México

Por: Juan Manuel Román Juárez | Director de Acapulto Times
17 de julio de 2026 | Acapulco, Guerrero

Recientemente, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, fue enfático en su mensaje. «Bajo el liderazgo del presidente Trump, nunca dejaremos de luchar contra los narcoterroristas violentos que inundan nuestra nación con drogas mortales». Como muestra de esta nueva doctrina, el Departamento del Tesoro designó a grupos como el Cártel de Juárez y «Los Viagras» como organizaciones terroristas extranjeras. Estas organizaciones ahora están sujetas a sanciones y congelamiento de activos.

En el papel, el discurso suena firme y necesario. Cualquier sociedad civilizada aplaude el combate frontal al crimen organizado. Sin embargo, para la sociedad mexicana que vive en carne propia la violencia, esta declaración choca con una realidad que exige reflexión honesta: la coherencia entre el discurso y las acciones.

Si Estados Unidos declara una guerra total al «narcoterrorismo», hay dos preguntas fundamentales que debe responder con hechos, no con palabras.

1. ¿Qué se está haciendo EE.UU. realmente para frenar el flujo de armas hacia México?

Esta es la pregunta del millón y el elefante en la habitación de la seguridad continental. El gobierno mexicano ha sido claro y consistente en su exigencia. No se puede combatir el fuego si se sigue proporcionando la gasolina.

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La inmensa mayoría del armamento de alto calibre que utilizan los grupos criminales en México proviene del mercado estadounidense. Mientras en las ciudades de Estados Unidos se debaten leyes de control de armas, en la frontera sur existe un vacío de supervisión alarmante. Este vacío permite que fusiles de asalto y municiones crucen hacia México con facilidad.

Resulta insostenible exigir a México resultados operativos y deportaciones. Al mismo tiempo, se tolera que el mercado ilegal de armas estadounidense siga alimentando la capacidad letal de esos mismos grupos que hoy se etiquetan como «terroristas». La corresponsabilidad en seguridad no puede ser selectiva.

2. Si la tecnología es tan avanzada, ¿por qué la droga sigue inundando sus propias calles?

Se nos dice que las agencias de inteligencia estadounidenses poseen la tecnología más avanzada del mundo. Hablamos de inteligencia artificial, satélites, rastreo financiero y capacidades de interceptación que pueden monitorear el globo en milisegundos.

Entonces surge la interrogante lógica. Si esa capacidad tecnológica es tan letal, ¿por qué la distribución minorista de fentanilo, metanfetaminas y cocaína sigue campando a sus anchas en los barrios y ciudades de Estados Unidos?

La droga no se distribuye por arte de magia ni únicamente a través de redes sociales oscuras. Existe una cadena logística interna. Alguien la transporta, alguien la almacena y alguien la vende en territorio estadounidense. Si la voluntad política de erradicar el problema fuera tan absoluta como el discurso, esa misma tecnología se emplearía con ferocidad para desmantelar las redes de distribución dentro de su propio país. El objetivo sería atacar la raíz del problema: la demanda y el mercado interno.

En lugar de eso, la narrativa pública se centra casi exclusivamente en culpar al eslabón sur de la cadena. Se ignora que sin un consumidor norteamericano dispuesto a pagar, el negocio colapsaría.

La asimetría de la justicia

A esto se suma una frustración jurídica documentada. México ha solicitado formalmente la extradición de más de 200 criminales de alto perfil que se encuentran o han operado en suelo estadounidense. Mientras esas solicitudes enfrentan laberintos burocráticos que duran años, el sistema de justicia estadounidense muestra una cara muy diferente para aquellos que deciden «cooperar».

Los mecanismos de delación premiada y protección de testigos han permitido, en múltiples casos históricos, que grandes operadores del crimen reduzcan drásticamente sus condenas. Acceden a beneficios que jamás obtendrían en una prisión mexicana. Si son «narcoterroristas», la justicia debería ser implacable y simétrica. No un instrumento de negociación conveniente.

Un llamado a la corresponsabilidad real

Designar a un cártel como «organización terrorista» es un recurso jurídico, pero no es una solución por sí mismo. Las sanciones en papel no detienen balas. No cierran las brechas en la frontera norte por donde salen las armas. Tampoco limpian las drogas de las calles estadounidenses.

México ha demostrado disposición para cooperar, perseguir y extraditar. Pero la cooperación genuina no es una calle de un solo sentido. No puede ser que México ponga los muertos, el esfuerzo operativo y la presión social. Mientras del otro lado de la frontera se mantienen abiertas las llaves del armamento y se ignora la distribución interna.

Si el gobierno de Estados Unidos realmente quiere ganar esta guerra, el primer paso no es más retórica en los micrófonos. Se necesita coherencia. Se debe frenar el tráfico de armas hacia el sur con la misma intensidad con la que se vigila la migración. Se debe usar su inmensa tecnología para desarticular el mercado interno de drogas.

Porque al final del día, mientras no ataquemos la raíz de esta hipocresía, seguiremos viendo declaraciones de guerra en los titulares. Pero también veremos negocios de impunidad en la realidad. Y la que sigue pagando la factura más alta, como siempre, es la gente honesta de ambos lados de la frontera.

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