ACAPULCO, GUERRERO. – Mientras las instituciones gubernamentales preparan sus mensajes de unidad e igualdad para este 8 de marzo, las cifras en Guerrero cuentan una historia radicalmente distinta. En lo que va de 2026, la entidad enfrenta una crisis de violencia de género que no solo contradice los discursos oficiales, sino que evidencia un repunte alarmante: los asesinatos de mujeres han aumentado más de un 180% en comparación con el mismo periodo del año anterior.
POR: Juan Manuel Román Juárez
Solo en Acapulco se han documentado al menos 14 muertes violentas de mujeres en los primeros meses del año. Enero fue particularmente sangriento con 10 casos, seguido por un febrero y un inicio de marzo que mantienen la tendencia al alza. Esta “ola de sombras” cuestiona directamente la efectividad de las estrategias de seguridad y la voluntad real de las autoridades para salvaguardar la vida de las ciudadanas.
Un inicio de año marcado por la tragedia
La cronología de la violencia en 2026 comenzó temprano. El 5 de enero, el hallazgo de Alicia Gutiérrez Cornelio, de 36 años, degollada en la colonia Elías Naime Nemer de Chilpancingo, sacudió a la capital. Apenas 24 horas después, la incertidumbre creció con el reporte de desaparición de tres mujeres más y la activación de la alerta por Rubí Itzel Julián Godínez, una menor de solo 13 años.
Sin embargo, el caso que ha generado mayor indignación internacional es el de Janeth Villalva Cervantes, de 23 años. Su cuerpo fue hallado flotando frente a las costas de Acapulco, atado de manos y con visibles huellas de tortura. Janeth era hija de Salvador Villalva Flores, alcalde electo de Copala asesinado en 2024; su muerte no solo es un feminicidio, sino un doloroso recordatorio de la violencia política y criminal que asedia a las familias guerrerenses.
La impunidad bajo la lupa
Desde trabajadoras bancarias en Ciudad Renacimiento hasta estudiantes como Melany Gissel Bravo, de 16 años —víctima de un ataque al transporte público—, la vulnerabilidad es generalizada. Incluso dentro de las instituciones de seguridad la tragedia está presente: el caso de Dalia Medina Acosta, agente de la Guardia Nacional hallada muerta en instalaciones oficiales en Acapulco, ha dejado más preguntas que respuestas.
“Los pronunciamientos oficiales pierden toda fuerza cuando la sangre sigue llegando al mar y la impunidad se mantiene como la única constante”, señalan colectivos feministas.
Mientras el gobierno estatal y municipal utilicen el 8M para hablar de avances, la realidad en las calles de Acapulco, Chilpancingo y las dos costas dicta una sentencia clara: en Guerrero, ser mujer sigue siendo una condición de alto riesgo.
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